¡Capriles Radonski Presidente!

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Un crimen censurado... Caso Horacio José Gregorio Morales Dumont.

Francisco Javier Touceiro Rodríguez C.I. V-17.758.887

domingo, 19 de junio de 2011

El Rodeo: el triunfo de la maldad

La situación carcelaria en Venezuela ha sido noticia últimamente. La crisis que sacude al sistema penitenciario nacional genera zozobra entre los reclusos, hoy llamados, de forma hipócrita, privados de libertad, recordando aquello de lo políticamente correcto que nos describió Umberto Eco.

Sin embargo, hay que señalar que esta crisis es de vieja data. Las corruptelas que permiten el ingreso de armas y estupefacientes a los penales, así como el otorgamiento de determinados beneficios a los reclusos son un tema de largo recorrido.

En la actualidad, la situación parece haber empeorado. Los reclusos poseen armamento de alto calibre, manejando las cárceles a su antojo. Bajo el dominio de los denominados “pranes”, los penales se han convertido en centro de operaciones de los hampones, coordinando y dirigiendo, desde allí, hechos delictivos en las afueras de los centros de reclusión.

Ante este panorama, el gobierno nacional ha decidido retomar el control del Internado Judicial Rodeo, complejo penitenciario conformado por dos etapas: Rodeo I y Rodeo II, con una capacidad instalada de 1.250 reclusos, pero que hoy en día, según datos del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), alberga a un total de 2.439 individuos. Cabe destacar que cito a la mencionada ONG, porque en la página web de la Dirección Nacional de Servicios Penitenciarios (DNSP) no existe ningún tipo de información al respecto.

El operativo emprendido por el gobierno ha sido duramente criticado por diversos sectores del país, reconociéndose, en algunos casos, un gran desconocimiento del tema y un mero interés político en el abordaje de la problemática. Sin embargo, la actitud asumida por el gobierno, al igual que en anteriores oportunidades, lejos de contribuir a la legitimación de sus acciones, ha producido un clima de desconfianza en torno a la operación.

En primer lugar, el ya acostumbrado cerco mediático, en el que la labor de los medios de comunicación privados es obstruida abiertamente por los cuerpos de seguridad del Estado, permitiéndose únicamente el acceso al aparataje mediático bajo control estatal.

En segundo lugar, el manejo político de los voceros oficiales, quienes pretenden achacar la situación al manejo que dan los medios privados a la información y al sempiterno plan desestabilizador de oposición apátrida que, en esta ocasión, en alianza con los antisociales, pretende derrocar al gobierno revolucionario.

La politización de un tema tan delicado, sólo genera más problemas y es un grave error tanto de gobierno, como oposición. Los primeros deben asumir su responsabilidad como encargados de la seguridad y control de los centros penitenciarios y, los segundos, si bien están en su libre de derecho de emitir las críticas que consideren pertinentes, no deben buscar réditos políticos de una situación tan lamentable.

Adicionalmente, considero adecuado hacer una aclaratoria en torno al concepto del uso progresivo de la fuerza, él mismo establece una escala de actuación de los funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado, en función de los tipos de situación que enfrenten. En el caso en cuestión, los reos han mostrado una conducta hostil en contra de los funcionarios, ante lo cual, los mismos están facultados para el uso de la fuerza en forma proporcional. Es decir, ante la arremetida con armas de fuego de distinto calibre por parte de los reclusos, los cuerpos de seguridad, están autorizados a repeler dichos ataques usando armas de fuego, con el fin de neutralizar a los reos, buscando el menor derramamiento de sangre posible. Sin embargo, no deja de ser curioso, que un cuerpo minado de vicios como la Guardia Nacional, principal sospechoso de contribuir con la venta de armas y drogas en las prisiones, sea el encargado de combatir los males que ha engendrado.

Por último, es de extrema importancia reflexionar en torno a la situación actual de las cárceles en el país. Hoy es El Rodeo, mañana puede ser La Planta o la Penitenciaria General de Venezuela (PGV). El sistema penitenciario debe ser reestructurado siguiendo los parámetros internacionales más estrictos, con el fin de evitar cualquier tipo de desviaciones y que, con sumo pesar, debamos atravesar nuevamente una situación tan difícil como la que estamos viviendo actualmente.


Francisco Javier Touceiro Rodríguez.
C.I. V-17758887

viernes, 25 de marzo de 2011

Libia y las contradicciones del proceso


El genocidio perpetrado por el dictador libio, Muammar al Gadafi, ha hecho florecer las más grandes contradicciones entre quienes defienden el “proceso revolucionario” que vive nuestro país.

En primer lugar, una extraña actitud conciliatoria despertó en nuestro Presidente, quien acostumbrado a utilizar un verbo amenazante y cargado de violencia, reclamó de forma vehemente la concertación de un diálogo y se propuso como mediador del conflicto, luego movilizó la estructura populista del ALBA para darle más cuerpo a su propuesta, pero allí quedo, por suerte para los rebeldes libios.

El propio Chávez defendió a su gran amigo Gadafi, diciendo que los opositores estaban armados, que incluso aviones tenían en su poder, por lo que la respuesta del coronel, bajo su criterio, estaba justificada.

Valdría la pena preguntarse, usando algunos ejemplos conocidos. ¿Cómo queda el discurso oficial que rechaza el combate que llevó a cabo la joven democracia venezolana contra los grupos de izquierda que se alzaron en armas contra la incipiente institucionalidad pos dictadura? Eran grupos armados que defendían aspiraciones políticas, es decir, la acción contra ellos se justificaba si empleamos el mismo criterio esgrimido por el Presidente en esta ocasión. Y, adicionalmente, ¿apoya el gobierno el combate a los grupos guerrilleros que hacen vida en Colombia? Digo, si usamos su propia lógica, son grupos armados, lo cual justificaría la respuesta del Estado colombiano para garantizar la estabilidad de su gobierno e instituciones.

Por otra parte, el gobierno rechaza la actuación imperial que quiere apropiarse de las reservas petroleras de Libia, sí, las mismas que había venido entregando el coronel Gadafi a occidente, con el fin de garantizar su estadía en el poder. Tristemente, la revolución se hace la desentendida y vende como la causa de la intervención extranjera en Libia, la de un supuesto interés energético.

Para colmo de males, el gobierno de Chávez traiciona al pueblo libio, entendiendo como pueblo, únicamente a los ciudadanos que apoyan al dictador. ¿Por qué los traiciona? ¿Quién vende el petróleo que luego es refinado y se convierte en el combustible de los aviones, buques y submarinos que bombardean territorio libio?

En fin, la doble moral revolucionaria es, usando una expresión repetidísima, el talón de Aquiles del proceso. Les preocupan los muertos en Libia, mientras permiten que en Venezuela el hampa acabe con la vida de cientos de venezolanos cada semana. El gobierno debería atender bien su casa que atestada de problemas está, antes de andar opinando sobre lo que pasa en el vecindario.

Francisco Javier Touceiro Rodríguez.